Sin satélites ni mapas precisos, los navegantes de la primera vuelta al mundo se guiaron por astros, vientos y cálculos a ojo. Usaban brújulas, astrolabios y tablas náuticas para orientarse en mares desconocidos. Te revelamos cómo esta hazaña, iniciada en 1519 por Magallanes y culminada por Elcano, fue posible gracias a un ingenioso “GPS” del Renacimiento, donde ciencia, experiencia y coraje se combinaron para trazar el primer gran viaje alrededor del planeta.
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