No todos los campeones saben identificar el momento exacto en el que empezó su historia. Jan Abascal sí. Aún recuerda a su padre, carpintero de ribera, poniéndole un chaleco salvavidas, entregándole un pequeño barco recién construido… y empujándolo al agua con solo nueve años.Un gesto casi doméstico que, sin saberlo, encendió la mecha del primer oro olímpico del deporte español.
Hoy, con la serenidad que da una vida entera dedicada al mar, Abascal ha pasado por La Ventana de Cantabria para repasar una trayectoria que mezcla talento, sacrificio, ciencia, nostalgia y una enorme capacidad de innovación.