La visita de Isabel Díaz Ayuso a México ha reavivado una tensión diplomática que en los últimos meses España trataba de rebajar. Durante su gira, la presidenta de la Comunidad de Madrid elogió la figura de Hernán Cortés y defendió una lectura positiva de la conquista, un discurso que contrasta con el reconocimiento institucional de los abusos cometidos durante la colonización, expresado recientemente por el rey Felipe VI. Las palabras de Ayuso han generado malestar en México y han provocado la reacción pública de la presidenta Claudia Sheinbaum, reavivando el choque político.
Según el periodista Juan Diego Quesada, que ha seguido de cerca tanto la política mexicana como la figura de Ayuso, este viaje responde en gran medida a una estrategia de posicionamiento ideológico. “Es una forma de situar su discurso a la derecha de la derecha”, explica, apuntando a un relato identitario que conecta con las tesis de Vox y con otros liderazgos conservadores internacionales. Quesada subraya además que Ayuso actúa a título personal, influida por su entorno, y no como representante del conjunto del Partido Popular ni de la política exterior española.
Paradójicamente, este choque puede tener un efecto cohesionador entre actores que hasta ahora mantenían posiciones distantes. “Va a unir al Rey, al Gobierno y a Claudia Sheinbaum, porque ahora tienen una enemiga común muy identificable”, señala Quesada. En ese contexto, la polémica amenaza con volver a ideologizar las relaciones entre España y México, una relación “compleja y con muchas capas”, justo cuando se intentaba recomponer por la vía diplomática e institucional.